Los ganaderos

Angel Galdón Bermúdez

La afición a los toros germina en Angel Galdón Bermúdez por el sentimiento ganadero de su familia materna conocida como Los Mergarejos. No sólo le llamó la atención el espectáculo en sí mismo con toda su riqueza, sus matices, su magia y sus sorpresas, sino también, dando  de su desarrollada capacidad de observación.

Otro paso definitivo para adentrarse en el mundo del toro lo supuso sus muchos años de trabajo en el campo con otro tipo de animales (ovejas, vacas, cabras…). “Entonces me decidí a probar con los toros, que eran ya una de mis grandes pasiones. Me advirtieron  que tuviera cuidado porque la ganadería brava podía llegar a ser un mal negocio, pero entonces pensé que, por lo menos, me divertiría. Y estaba convencido de que me daría nobleza y prestigio si hacía las cosas bien. Y que me daría apellido, el que después han heredado mis hijos y mi familia. Un apellido que también me ha vinculado mucho con Mallorca a través de los toros. Una vinculación que, después, me ha dado categoría y reconocimiento, los mismos que ahora está dando a mis hijos y a mis nietos. Todo esto son cosas que le tengo que agradecer al mundo de los toros”, asevera el ganadero.

A partir de ahí, el toro y el campo bravo se convierten en las grandes pasiones de Angel Galdón Bermúdez, como en todo en su vida, un profesional taurino hecho a sí mismo. No le han faltado ofrecimientos para ampliar su campo de acción, pero los ha declinado todos. “Nunca he querido, por ejemplo, ser apoderado a pesar de que he tenido ofrecimientos, pero es una labor por la que nunca he estado. Si que he echado una mano siempre que he podido, pero siempre desinteresadamente”, afirma. La excepción a esta norma es el empresariado taurino. A él llegó siendo un perfecto desconocido. En el año 1994 se aventuró a organizar varios festejos durante varios años entre ellos la única novillada picada realizada en esta plaza durante toda su historia. Aquellas experiencias me sirvió para desarrollar mi propias capacidades y aplicar mis propios criterios en la Plaza de Toros de Alcudia  (Mallorca)”.

Otra vez la experiencia personal convertida en la mejor universidad donde formarse. “La manera en que me he ido desarrollando y las fuentes de donde bebí hacen que yo me considere una persona de bien y echa así misma. Lo digo por la parte que de seriedad y de hombría conlleva esta profesión. Que son valores que a lo mejor hoy no funcionan como deberían: ha perdido valor e importancia el apretón de manos, el compromiso que se asumía entre dos hombres.

Angel Galdoón Bermúdez es hoy un hombre feliz, pleno y desarrollado. Mira para atrás y ve que el camino ha sido cierto. Duro y complejo, pero cierto. Hoy se siente como el corredor de fondo que se sabe ante la línea de meta de los sueños. “Como ganadero o como empresario, no pienso que haya aportado nada a la Fiesta. Yo de la Fiesta sólo he aprendido. Sí hay algo de lo que me siento orgulloso y es que creo que en estos momentos, soy de los poquitos ganaderos que sigue siéndolo en esencia y en pureza, entendiendo ser ganadero por vivir en el campo, conocer muy bien tu ganadería y, la última y más importante, no querer ser un ganaduros”, sentencia.

Sergio Galdón Garau

Y el curso de la Naturaleza sigue su cauce en la casa del Onsareño. Como sus antepasados, Angel Galdón Bermúdez también ha conducido de la mano a su hijo por los caminos del amor al toro y a la Tauromaquia. Sergio Galdón Garau es ya hoy la otra cabeza pensante de la ganadería. El mejor hombre de confianza de su padre y el heredero de una pasión que tiene en él garantizada la pervivencia y el latido. A pesar de su juventud, Sergio Galdón Garau da muestras ya hoy de una notable cualificación, por madurez y por capacidad de trabajo, para conducir junto a su padre los designios de la ganadería. Ha hecho plenamente suya la idea de toro en que se cree en la casa y no duda en prestarle horas y más horas al empeño de tener cuanto antes en la cabeza y en la mano las riendas.

 En él se aúnan la pasión por el campo, por el toro y por el caballo y la capacidad de trabajo sin desmayo que forma parte de la sangre Galdón.