Los mansos

Ganado Manso (Cabestros o bueyes)

Los cabestros tienen una importancia de consideración en la cría y manejo del ganado, en la realización de los festejos taurinos, sean corridas de toros, novillos o becerros, en encierros, embarques y desembarques. El comportamiento gregario de las reses bravas y la conducta de imitación funciones que condicionan el proceder de estos bueyes.

En el argot ganadero el conjunto de bueyes o cabestros se conoce como la parada. Estas paradas anteriormente eran grandes porque así lo demandaban los encierros largos, traslados de una a otra propiedad o de la dehesa a la ciudad o a la plaza, y estaban constituidas por un mínimo de diez y ocho ejemplares. En la actualidad generalmente  están compuestas por un mínimo de doce animales, ya que los traslados son en camiones y los encierros, en su mayoría, se limitan a las mismas fincas.

Era una costumbre castrar algunos toros que no daban resultados en la tienta, acordes con las metas de la finca, y dejarlos como cabestros. No obstante, por el tamaño y el color del pelaje son considerados mejores para este fin los ejemplares de razas  mansas, ya que por el pelo se distinguen del resto de la ganadería y el peso les da presencia para cumplir mejor sus funciones. Hay posturas en el sentido de que el cabestro ideal es aquel nacido de una vaca mansa y de un toro bravo, o a la inversa.  Al obtener un producto con la ligereza y el instinto del bravo y la mansedumbre y el tamaño del manso.

Los bueyes o cabestros son considerados de forma especial en las propiedades, ya que  constituyen parte de la imagen y orgullo de las ganaderías, y se expresa que son un lujo en ellas. Comentario este extensivo a las plazas de toros.

En la mayoría de los casos tienen pelajes diferentes a los habituales, vistosos y raros para distinguirlos fácilmente en el campo. Son seleccionados pelajes en berrendo, sea en colorado o en negro sobre fondo blanco o ensabanados.

El término 'berrendo' se usa normalmente para designar a cualquier vacuno manchado de dos colores, e incluso en los toros bravos. Se debe recordar además como la denominación de una raza autóctona española,  especialmente asentada en Andalucía, Castilla y León y Extremadura. Que dentro de sus condiciones morfológicas y prototipo racial, la capa bicolor es una de sus características.

En el conjunto de las cualidades de la citada raza destacan la de ser autóctona, muy rústica, de gran prestancia, muy resistente a la fatiga y adaptada para utilizar recursos forrajeros escasos y de baja o media calidad. Por ser animales de amplio esqueleto tienen una buena aptitud de parto, con una baja incidencia en procesos puerperales y genitales, además de un acusado instinto maternal, con producciones lecheras mayores que las de otras razas rústicas y aptitud para producir carne. Por lo vistoso de su capa,  su buena disposición para la doma y el aprendizaje, la rapidez de respuesta y excelente sentido de orientación, es  una de las razas preferidas para el cabestraje de los toros de lidia.

Para criar un cabestro existen pasos a seguir, que por razones de espacio, se  resumen de la siguiente manera:

En unos casos son castrados al destete y en otros a los catorce o quince meses, según las costumbres de cada finca. Una vez, que se tiene al añojo castrado es amarrado por unos días, antes de pasar a ser encerrado con mulos o vacas. Posteriormente, pasa a una fase en que se le mantiene, junto con sus hermanos de parada, con una alimentación de desarrollo, comúnmente con los érales bravos; antes de empezar con su aprendizaje o doma.

Al inicio de la doma ya deben poseer un nombre, para que aprendan a obedecer o atender por el. Esta actividad debe ser lenta, continuada y de paciencia. Suele durar cerca de un año, y de ahí el novillo puede ir ya suelto, junto a los bueyes viejos, en operaciones y faenas, cuando es eral. Durante este proceso es paseado junto a un caballo, con un buey viejo adiestrado. La calidad del cabestro está directamente ligada a la habilidad del cabestrero, que con honda y voz de mando realizan su formación.

Los más ligeros o de mayor nervios son orientados a ser bueyes delanteros, serán los que cogen puerta, otros son destinados a rodear los toros y se denominan de en medio y un tercer grupo son los de zaga. Dos o tres veces por semana son encerrados en la plaza para que aprendan a obedecer las voces y la señalización de las puertas. Cuando llegan a utrero deben saber perfectamente su oficio, y entonces se les coloca un cencerro. Los delanteros llevan  una campanilla, los de en medio cencerros pequeños y los de zaga usan cencerros grandes de sonidos graves y fuertes.

En términos castizos al conjunto de los cencerros se les llamaba el alambre, ya que así se identificaba antiguamente al cobre y aleaciones metálicas.

Los cabestros tienen una vital importancia en la cría del ganado bravo.

La utilización de caballos y cabestros se torna fundamental para facilitar, dar funcionalidad, seguridad y el debido tiempo al manejo de los animales de las ganaderías de reses de lidia. Estas presentan características singulares que las diferencian claramente del resto de explotaciones de ganado bovino, especialmente por la dificultad para el manejo que entrañan sus animales y la necesidad de una actuación con cuidados que eviten daños a los animales, que pudieran disminuir su aptitud para la lidia, deteriorar su aspecto externo o modificar su comportamiento.

En el manejo de las reses hay que evitar que se produzcan accidentes durante los embarques, herraderos, vacunaciones y demás operaciones características de la ganadería, ya que en su desarrollo se corre grave peligro de que puedan inutilizarse algunos ejemplares como consecuencia de cornadas, lesiones oculares, roturas o astillamientos de cuernos y fracturas de extremidades.

Cabestros que han tenido larga vida en una dehesa y reúnen basta experiencia y han sido superiores, son los preferidos para incluirlos en el servicio de las grandes plazas. Donde ayudan en  encierros, enchiqueramientos y apartados, y a retirar al corral o chiquero al que ha sido devuelto por cualquier causa o al que no ha podido matar el diestro a quien correspondía.
 
La presidencia de la corrida sólo autorizará la devolución de un toro o novillo y la consecuente salida de los cabestros cuando el toro o novillo se hubiere inutilizado antes de salir al ruedo y su inutilidad se hiciere manifiesta en las primeras embestidas o cuando, por definitiva mansedumbre, huya de los capotes y de los caballos. Si ha acudido al castigo de varas no podrá devolverse.”.

En el reglamento reza “En los corrales, el día del espectáculo, estará preparada una parada, al menos, de cuatro cabestros convenientemente domados en plazas de primera y segunda categoría y de tres en las restantes plazas para que, en caso necesario, y previa orden de la Presidencia, salgan al ruedo a fin de que conduzcan al toro o novillo, en los casos previstos en el presente Reglamento.

En las plazas portátiles, en los supuestos a que se refiere el párrafo anterior, la Presidencia del espectáculo podrá ordenar el sacrificio de la res en la plaza por el puntillero y, de no resultar factible, por el espada de turno.

Cuando el desencajonamiento de las reses se realice en el ruedo con presencia de público deberán permanecer en el mismo al menos cuatro cabestros, independientemente de la categoría de la plaza”.